• Fortalecer la formación ética y bíblica en nuestras iglesias.
• Promover mecanismos internos de control en ministerios.
• Impulsar iniciativas ciudadanas de observación y denuncia.
• Diseñar programas educativos de valores frente a la corrupción.
• Articular alianzas estratégicas, con aliados clave, para el desarrollo de acciones conjuntas, donde se necesite regeneración ética.
Para avanzar en nuestra misión, hemos definido cuatro ámbitos estratégicos clave, reconociendo que la Iglesia actúa transversalmente como voz profética ante el poder, conciencia ética en la cultura, fuerza formativa en la educación y columna de la verdad (1 Timoteo 3:15).
“Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios.” (1 Pedro 4:17)
Queremos promover unidad espiritual, ética y doctrinal enraizada en los valores del Reino de Dios.
Este ámbito se centra en la vida interna de la Iglesia como Cuerpo de Cristo —incluyendo estructuras, liderazgo, enseñanzas y prácticas— tanto a nivel congregacional como interdenominacional.
“Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra.” (Proverbios 29:2)
En este ámbito movilizamos a creyentes y organizaciones cristianas para intervenir éticamente en la esfera política, legal y administrativa, con el fin de transformar la cultura institucional y actuar como contraloría moral frente a la corrupción.
“El que camina en integridad anda confiado; el que toma caminos torcidos será descubierto.” (Proverbios 10:9)
Este ámbito aborda el compromiso cristiano en lo social, económico y comunitario, reconociendo que la corrupción no es solo estatal sino también relacional y cultural.
“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Proverbios 22:6)
Este ámbito promueve la formación de base mediante la educación en principios, valores y virtudes cristianas, en contextos formales y no formales.
A estos cuatro ámbitos estratégicos se sumarán otros de alto impacto:
– Familia (semillero de valores éticos)
– Medios y redes (para sensibilizar, denunciar y contrarrestar la corrupción normalizada)
– Sector judicial/legal (para asegurar que las denuncias desemboquen en justicia)
– Juventud y liderazgo emergente (formando agentes de cambio sostenibles)
– Cultura y arte (promoviendo narrativas que inspiren integridad y rechacen la corrupción)