La Iglesia ante el desafío de formar una generación capaz de vivir la verdad, la justicia y el bien común
Mesa 1: Iglesia | Ecuador y América Latina
Introducción.
Escuchar a una representante electa por el pueblo para una dignidad pública jactarse de su corrupción educativa y declarar con vehemencia que anima a sus hijos a copiar como una forma de lograr destacar y conseguir lo que quieren resulta detestable, vergonzoso y una triste evidencia de la decadencia de la integridad en nuestra sociedad.
¿Cómo corregir al corrupto cuando la corrupción se promulga como “estrategia ganadora” y tiende a normalizar como un acerto sin discusión?
Aunque ya hemos abordado parte de las respuestas en temas anteriores, los animo que replanteemos la pregunta con una perspectiva más proactiva y esperanzadora: ¿Y si la corrupción se combate décadas antes de que ocurra?
Cuando hablamos de corrupción solemos pensar en adultos: funcionarios que aceptan sobornos, empresarios que manipulan contratos, autoridades que abusan del poder o ciudadanos que buscan ventajas ilegítimas. Por eso nuestras respuestas suelen llegar cuando el problema ya ocurrió: investigamos, denunciamos, sancionamos y por lo menos en palabras e intención proponemos reparar el daño.
Pero podemos hacernos una pregunta mucho más profunda: ¿Qué habría pasado si hubiéramos formado de otra manera el corazón de esas personas veinte años antes?
Quizá una de las estrategias más importantes para combatir la corrupción no comienza en los tribunales ni en los organismos de control. Comienza en una casa, continúa en una iglesia, se fortalece en un aula y finalmente se manifiesta en la sociedad.
Luchas contra la corrupción que he permeado los valores y principios del adulto es duro, al menos hasta que Cristo produzca convicción de pecado, justicia y juicio en la persona y resulta entonces más estratégico entender que debemos hacer de la educación un motor principal de cambio cultural, colocando la formación en valores y ética pública en el centro de cualquier proyecto educativo que tome en serio la educación como algo más que una simple alternativa laboral.
Para la Iglesia, esto tiene implicaciones profundas. Jesús no nos llamó simplemente a conseguir creyentes, sino a hacer discípulos: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…” (Mateo 28:19)
Un discípulo aprende a pensar, amar, decidir y vivir bajo el señorío de Cristo por eso, si queremos sociedades diferentes mañana, necesitamos formar personas diferentes hoy.
El problema no es solamente lo que sabemos, sino en quién nos estamos convirtiendo
Nuestra cultura educativa suele concentrarse en una pregunta: ¿Qué necesita saber una persona? La educación cristiana debe añadir otra ¿en qué clase de persona debe convertirse? esta distinción es fundamental porque podemos formar personas intelectualmente brillantes que utilicen su inteligencia para manipular o podemos formar excelentes administradores que administren sistemas corruptos como también, podemos formar abogados extraordinarios que aprendan a encontrar vacíos legales para beneficiar a quienes tienen poder de igual forma, podemos formar comunicadores capaces de utilizar la verdad simplemente para atraer atención o la mentira para manipular entre otros ejemplos. La excelencia académica, por sí sola, no produce virtud.
Dallas Willard insistía en que el objetivo del discipulado cristiano es la transformación del carácter “llegar a ser personas que naturalmente hagan aquello que Jesús haría si estuviera en nuestro lugar.”
Una perspectiva como esta debería cambiar radicalmente nuestra visión de la educación. La pregunta deja de ser únicamente: ¿Qué sabe este estudiante? y pasa también a ser: ¿En quién se está convirtiendo?
Discipulado integral: educar bajo el señorío de Cristo
La palabra discípulo implica aprendizaje, pero el discipulado bíblico nunca consistió solamente en adquirir información religiosa. Jesús no solo dio discursos, Él formó personas. Sus discípulos caminaron con Él, observaron sus decisiones, escucharon sus enseñanzas, fueron confrontados en sus motivaciones y aprendieron progresivamente una manera completamente distinta de relacionarse con Dios, con los demás, con el dinero, con el poder y con ellos mismos, etc.
El discipulado no consiste simplemente en cambiar comportamientos está fundamentado en transformar aquello que gobierna el corazón.
Por eso, una Iglesia comprometida con la integridad no puede conformarse con enseñar: “no robes”, “no mientas”, “no aceptes sobornos”, debe ir más profundo. Debe formar personas que amen a Dios, la verdad, la justicia y al prójimo de tal manera que la corrupción resulte incompatible con la persona en la que se están convirtiendo.
Responsabilidad, coraje, respeto y sensibilidad
Estás no son virtudes independientes o no deberían serlo. No deberían ser solo adornos en nuestras iglesias o instituciones para aparentar que somos personas “justas” y que la sociedad crea que somos lo que no somos.
Convertidas en virtudes, es decir, cuando realmente las deseamos como parte de nuestra persona, nos muestran quienes debemos formarnos para ser.
Responsabilidad: la persona íntegra comprende que sus decisiones afectan a otros.
Pablo enseña: “Ninguno de nosotros vive para sí…” (Romanos 14:7)
La corrupción prospera cuando pensamos exclusivamente en nuestro beneficio. La responsabilidad nos enseña a preguntar: ¿Cómo afecta mi decisión al bien de los demás?
Coraje: saber lo correcto no garantiza hacerlo.Daniel sabía qué debía hacer, pero además necesitó valor para mantenerse fiel cuando la cultura alrededor suyo caminaba en dirección contraria.La integridad requiere coraje precisamente porque muchas veces hacer lo correcto cuesta algo.
Respeto: toda ética cristiana comienza reconociendo que las personas poseen dignidad porque fueron creadas a imagen de Dios (Génesis 1:27).Por eso no manipulamos, explotamos ni utilizamos a otras personas como instrumentos para nuestros intereses.
Sensibilidad/Misericordia: la integridad también requiere aprender a reconocer las consecuencias que nuestras decisiones producen sobre otros. Una persona puede conocer perfectamente una norma y, sin embargo, carecer de sensibilidad hacia quienes resultan perjudicados por sus acciones.
La educación cristiana debe formar conciencia en valores y prinipios, no solamente obediencia externa. Que la memorizxación de partes de la Biblia como versículos o historias sean suscitadores de reflexión, diálogo y compromiso vital.
La corrupción también es un problema educativo
Aquí me atrevo a compartir una afirmación que puede resultar incómoda cada generación de adultos corruptos alguna vez estuvo sentada en un aula. Aprendieron matemáticas, lenguaje e historia. Muchos incluso recibieron educación religiosa. Entonces debemos cuestionarnos ¿qué no aprendieron? Entonces, probablemente el problema no fue falta de información, fue falta de formación.
Es momento de aceptar una verdad sobre la educación no existe educación verdaderamente neutral. Toda educación comunica inevitablemente una determinada comprensión del ser humano, de la verdad, del bien y del propósito de la vida.
La pregunta, por tanto, no es si nuestras escuelas están formando una cosmovisión o una escala de valores y de entendimiento del mundo así es que nos interpela la integrrogante ¿qué cosmovisión están formando?
La integridad no puede ser una materia
Uno de los riesgos de los “programas de valores” consiste en convertir la integridad en una unidad curricular más. Una clase sobre honestidad, una semana sobre respeto, una campaña sobre corrupción y después continuamos normalmente. Y, vemos esto en muchas de nuestras escuelas, y no es malo, solo es insuficiente si se enseña compartimentalizado.
Porque la integridad debe atravesar toda la experiencia educativa. En matemáticas, significa honestidad con los datos, en ciencias: respeto por la evidencia, en comunicación: responsabilidad con la verdad, en economía: reflexión sobre riqueza, justicia y bien común, en historia: análisis moral del ejercicio del poder, en tecnología: responsabilidad respecto de la información y la privacidad, en cívica: comprensión de la justicia, transparencia y responsabilidad pública.
La educación cristiana no consiste simplemente en añadir Biblia al currículo, consiste en aprender a mirar toda la realidad desde la verdad revelada por Dios.
El maestro enseña mucho más de lo que aparece en su planificación
Aunque no hay tiempo para recomendaciones específicas, este tema si nos deja una obligación la formación de docentes sobre cómo integrar integridad y justicia en todas las materias. Esto es fundamental porque el estudiante aprende tanto de aquello que el profesor es como de aquello que el profesor dice.
Un profesor puede enseñar honestidad y después manipular una calificación o hablar de respeto y humillar públicamente a un estudiante como puede enseñar responsabilidad y llegar constantemente sin preparación también puede hablar de justicia y mostrar favoritismo. Los estudiantes detectan rápidamente esas contradicciones.
Por ello, para los discípulos de Jesús, la formación espiritual ocurre principalmente mediante vidas compartidas somos profundamente moldeados por las personas a quienes observamos de tal manera que el docente cristiano no es solamente transmisor de conocimiento, es formador de valores y principios del camino la verdad y la vida.
La Iglesia debe recuperar su responsabilidad educativa
Ahora en este tiempo la reflexión deja de pertenecer exclusivamente a colegios y universidades siendo importante destacar que la educación siempre ha sido parte de la misión evangelizadora y discipuladora de la Iglesia.
En Mateo 28:20 “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…”. Observemos la expresión -no dijo solamente- enseñándoles lo que he mandado a lo que se refiere enseñándoles a obedecer y ahí existe una enorme diferencia es pocas palabras a poner en práctica.
Una Iglesia o seminario puede producir personas con mucho conocimiento bíblico que todavía tengan poca formación del carácter. Ahora, antes de ser duros con la iglesia o los seminarios, debo recordar e insistir en que la responsabilidad cristiana de educar comienza en la familia y se fortalece mediante comunidades de fe que toman seriamente la formación de las nuevas generaciones.
La Iglesia acompaña a padres; maestros; directivos; universidades; escuelas cristianas; ministerios infantiles y juveniles porque educar para la integridad es una tarea profundamente discipular.
Del “perfil del graduado” al perfil del discípulo
Las instituciones suelen describir al graduado que desean entregar a la sociedad con las palabras competente, creativo, responsable, crítico y emprendedor. Entonces, la educación cristiana debería preguntarse, además: ¿Qué clase de ser humano queremos entregar a la sociedad? ¿Una persona capaz de conseguir éxito? ¿O una persona capaz de permanecer fiel cuando el éxito le exige comprometer sus convicciones? ¿Alguien preparado para obtener poder? ¿O alguien preparado para ejercerlo como servicio? ¿Alguien capaz de competir? ¿O alguien capaz también de sacrificar beneficio personal por el bien común?
La verdadera prueba de una educación cristiana quizá no sea lo que nuestros graduados consiguen sino quiénes llegan a ser cuando nadie los está observando.
Familia, Iglesia y escuela: una alianza indispensable
Deuteronomio 6:7 presenta la formación moral y espiritual ocurriendo en el ritmo cotidiano de la vida: “Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino…”.
La formación del carácter nunca fue concebida como responsabilidad exclusiva de una institución para ello, necesitamos nuevamente una alianza: familia + Iglesia + educación, ya que podemos afirmar sin lugar a dudas la familia modela, la Iglesia discípula y, la escuela es el espacio de formación intelectual y moral.
Cuando estas tres instituciones transmiten mensajes contradictorios, el estudiante aprende dese una fragmentación, sin embargo, cuando trabajan juntas, aparece una poderosa cultura de formación.
Del aula al bien común
El presente tema es una invitación a “colocar la formación en valores, principios y ética pública en el centro del proyecto educativo nacional”.
Desde la perspectiva cristiana, esto no significa imponer religión mediante el sistema educativo significa recuperar una verdad que nuestra sociedad necesita desesperadamente una educación que tenga e irradie consecuencias morales y públicas.
Los estudiantes de hoy serán mañana jueces, médicos, empresarios, policías, maestros, funcionarios públicos, periodistas, pastores, políticos, padres y madres. Entonces sus decisiones que tomarán dentro de veinte años estarán profundamente relacionadas con el carácter que estamos formando hoy por ello, educar para la integridad, la justicia y la transparencia es también trabajar preventivamente contra la corrupción.
Algunas acciones concretas para la Iglesia
A partir de las líneas de acción propuestas, las comunidades cristianas pueden asumir compromisos concretos.
La formación de educadores cristianos no solamente en doctrina bíblica, sino en integración de cosmovisión, ética, justicia, verdad e integridad dentro de cada una de sus disciplinas.
Construir alianzas entre iglesias y escuelas para crear redes de instituciones comprometidas con una cultura de integridad y transparencia permite compartir currículo, capacitación, experiencias y buenas prácticas.
Equipar a las familias ya que los padres necesitan herramientas para conversar con sus hijos sobre el manejo dinero y la responsabilidad del manejo de los fondos públicos como también de la verdad, justicia, corrupción, autoridad, responsabilidad y bien común.
Crear experiencias reales de servicio por cuanto, la virtud se fortalece practicándola. Los estudiantes necesitan oportunidades de servir, asumir responsabilidad, administrar recursos, enfrentar dilemas éticos y trabajar por necesidades reales de sus comunidades.
Recuperar el discipulado intergeneracional los jóvenes necesitan conocer cristianos que hayan vivido con integridad en empresas, política, educación, medicina, justicia y servicio público ya que necesitan descubrir que es posible ser fiel a Cristo en el mundo real.
Conclusión: La pregunta que una generación nos hará
Existe una tendencia a hablar de los jóvenes como “el futuro” pero quizá eso nos permite evadir nuestra responsabilidad, pero ellos, no solamente son el futuro. Nosotros estamos formando en este presente, en el aquí y ahora. Algún día ocuparán nuestras oficinas, administrarán nuestros recursos, dirigirán nuestras empresas, gobernarán nuestras ciudades, liderarán nuestras iglesias y, cuando llegue ese día, nuestra sociedad descubrirá qué clase de educación les dimos.
Jesús no solamente nos encargó simplemente transmitir información religiosa nos encargó hacer discípulos personas cuya mente, carácter, afectos, decisiones y relaciones estén sometidos a Él.
Dallas Willard resumió el discipulado cristiano como aprender de Jesús a vivir nuestra vida como Él viviría nuestra vida si estuviera en nuestro lugar. Quizá esa sea también una magnífica definición de educar para la integridad y no formar simplemente personas que sepan qué es correcto sino hombres y mujeres que hayan aprendido a amar lo bueno, escoger lo justo y permanecer fieles cuando hacerlo tenga un costo.
Porque las leyes pueden contener o prevenir parcialmente la corrupción como los controles pueden descubrirla así también, los tribunales pueden sancionarla, pero, si queremos cambiar una cultura, debemos comenzar mucho antes. Debemos formar el corazón.
Bibliografía
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- Chan, Edmund. Un tipo particular: El discipulado intencional que redefine el éxito en el ministerio. Covenant Evangelical Free Church Publisher. 2013
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- Ortberg, John. La vida que siempre has deseado: Disciplinas espirituales para gente común. Harper Collins, 1997. Edición en inglés.
- Sproul, R. C. The Holiness of God. Tyndale House Publishers. 1985.
- Stott, John. Problemas que enfrentan los cristianos hoy en día. Zondervan, 2006
- Willard, Dallas. La conspiración divina: redescubriendo nuestra vida oculta en Dios. HarperCollins. 2009
- Wright, Christopher J. H. La misión del pueblo de Dios: una teología bíblica de la misión de la Iglesia.. Zondervan. 2010
- Coalición por el Evangelio. Recursos sobre formación del corazón, discipulado y aplicación pastoral de las Escrituras. https://www.coalicionporelevangelio.org/
- Lausanne Movement. Recursos sobre discipulado, integridad, educación e influencia cristiana en la sociedad. https://lausanne.org/es/recursos
- Fides International. ¿Necesitamos un discipulado de integridad y responsabilidad cívica en Latinoamérica? https://fides-intl.org/2020/11/16/necesitamos-un-discipulado-de-integridad-y-responsabilidad-civica-en-latino-america/
- Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).La Integridad Pública en el Ecuador. https://www.oecd.org/es/publications/2021/11/public-integrity-in-ecuador_c9507e76.html