
A menudo nos encontramos inmersos en entornos donde la ética parece “adulterarse” frente a una sociedad profundamente marcada por la corrupción. En palabras de Rodolfo Arland:
“En una sociedad que muere de justicia y en donde reina la corrupción, la violencia surge como resultado de la frustración. El dilema del meollo del asunto radica en si se trata de falta de ética o de presencia de corrupción.”
Arland sostiene que la corrupción no se reduce a la simple ausencia de ética, sino que se ha convertido en un sistema estructural, una red que se alimenta de la falta de responsabilidad colectiva y permea las dinámicas sociales, políticas y económicas. En ese contexto, fenómenos como los escándalos de Operación Lava Jato u Odebrecht no pueden entenderse como simples casos aislados, sino como manifestaciones de un ecosistema corrupto que exige un análisis más profundo.
Una cuestión pertinente en un marco de posibles desidias.
Existe un enfoque que contrasta ética y corrupción como eje central del análisis social. Ante la pregunta ¿Quiénes son los corruptos?, Rodolfo Arland sostiene que no se trata únicamente de etiquetar a una clase social por robar, sino de identificar a aquellos que exhiben una imagen de autores, cómplices, encubridores o —lo que es aún más grave— indiferentes. Arland muestra así cómo la corrupción va más allá de la mera “falta de ética”: se convierte en un verdadero dilema estructural del nuevo milenio, arraigado en las dinámicas sociales, políticas y económicas.
En muchas ocasiones parecemos inmersos en entornos donde la ética se “adultera” frente a una sociedad corrupta. En sus palabras:
“En una sociedad que muere de justicia y en donde reina la corrupción, la violencia surge como resultado de la frustración. El dilema radica en si se trata de falta de ética o de presencia de corrupción.”
Frente a este desafío, Arland sostiene que la corrupción no es simplemente la carencia de ética, sino que se ha instalado como un ecosistema estructural que se nutre de la ausencia de responsabilidad colectiva. En este sentido, fenómenos como Operación Lava Jato u Odebrecht no pueden explicarse únicamente por actos individuales, sino que reflejan un entramado social, político y económico que reproduce la corrupción sistemática.
A menudo nos encontramos en entornos donde la ética parece ser “adulterada” por una sociedad profundamente inmersa en la corrupción.
“En una sociedad que muere de justicia y en donde reina la corrupción, la violencia surge como resultado de la frustración… El dilema del meollo del asunto radica en si se trata de falta de ética o de presencia de corrupción.”
En este sentido, fenómenos como el Operación Lava Jato o el escándalo Odebrecht no pueden entenderse solo como “males individuales”: según estudios sobre América Latina, también están alimentados por un ecosistema de corrupción estructural que se sostiene por el nepotismo, el amiguismo, el compadrazgo y la clientela.
Un buen ejemplo de este tipo de cultura institucionalizante es el jeitinho brasileiro, que describe unas formas de eludir normas y regulaciones en Brasil mediante favores o lazos informales.
Desde esta perspectiva, mientras el “amiguismo” o las “palancas” en contextos hispanohablantes puedan parecer gestos inocentes o normalizados, muchas veces esconden prácticas de corrupción que socavan la responsabilidad pública y la equidad.
El texto de Ética o corrupción: el dilema del nuevo milenio, de Rodolfo Arland, publicado en 2002, mantiene hoy plena vigencia, especialmente en un mundo post-pandemia donde los desafíos de la gobernanza global, el cambio climático y la corrupción en América Latina reviven con fuerza su planteamiento sobre el “dilema del nuevo milenio”.
Lo recomendamos como lectura esencial para estudiantes de ética aplicada o ciencias sociales: breve, provocadora y con un notable potencial para debates interdisciplinarios.
Para el Observatorio Cristiano por la Transparencia, la Ética y la Justicia, este documento es una herramienta valiosa para estimular un diálogo informado y profundo sobre temas que afectan directamente a nuestras sociedades en el presente.